La nueva movilidad urbana, el paso que ya llegó

El debate en cuanto a generar un cambio superlativo y definitivo en transporte, movilidad e infraestructura sustentable, ha tomado desde hace tiempo la agenda de los especialistas internacionales, principalmente europeos. Hoy más que nunca con el escenario en el que nos encontramos, cobra sentido de urgencia definir las nuevas reglas de movilidad urbana, en parte, porque ya no parece socialmente prudente viajar en sistemas de transportes con largos recorridos, confinados, altamente contaminantes, por tanto ineficientes e inseguros para la población bajo esta nueva realidad sanitaria que marca nuevas pautas. El académico de la Universidad de Santiago Francisco Morales Peña lo recoge en su estudio y lo denomina un funcionamiento urbano modificado y renovado para cuando termine la pandemia.

El desafío de hacer ciudad amigable, eficiente con movilidad urbana sostenible y el desarrollo de una infraestructura pública crítica, no ha sido un proceso de larga data. Digamos con claridad que, durante los últimos 30 años, Chile recién comenzó un esfuerzo de inversión en infraestructura pública que a todas luces puede calificarse como relevante. Hasta mediados de los años 90 el país no contaba con una extensa red de metro, modernas autopistas, aeropuertos de estándar internacional, es decir la infraestructura crítica que requiere un país para ser competitivo. Hace 30 años, el paisaje cotidiano mostraba una realidad de poco desarrollo o más bien de un país pobre.

De manera inédita y apostando con una fuerte inversión de privados en un lapso de 30 años se saltó una enorme brecha, mejorando las condiciones de infraestructura. Sin embargo, el camino ha estado lleno de dificultades. Para el Informe Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, el primer pilar de la competitividad de un país son las instituciones y el segundo es la infraestructura. De acuerdo con el Índice de Competitividad de este Foro, Chile pasó del lugar 30 en 2006 al lugar 33 en 2019. En parte se debe a que en el pilar de infraestructura pasó del lugar 30 al lugar 41 en ese mismo periodo, y esto se ha presentado porque hemos perdido competitividad como consecuencia irrefutable de un rezago que viene teniendo Chile en infraestructura.

Hoy el desafío se presenta ante la necesidad de desarrollar proyectos sustentables, más democráticos, en un marco de movilidad inteligente y colaborativa, y ahora esos desafíos es necesario compatibilizarlos con la realidad sanitaria mundial que nos impone un sinfín de nuevos retos. Claramente en este contexto los hábitos y costumbres de un alto porcentaje de la población mundial cambiará, y no lo hará precisamente por un tema de elección sino de necesidad. Las de una nueva modalidad para movilizarse, con nuevas tecnologías de apoyo y consideraciones sanitarias y de buen uso del tiempo, entre tantas otras.

Invertir en infraestructura resiliente consiste en desbloquear oportunidades económicas para las personas, esto ofrece un camino para que los países sigan un futuro más seguro, inclusivo y próspero para todos, indicó el presidente del Banco Mundial, David Malpass, y la actual contingencia nos impone la necesidad de buscar soluciones en esa dirección.

Ya dimos un paso cuantitativo y cualitativo hace 30 años, hoy no contamos con esa cantidad de tiempo para generar cambios, pero si con desarrollo tecnológico y la disposición para sumarnos a una corriente que nos de la oportunidad de ponernos nuevamente a la cabeza en desarrollo de infraestructura resiliente, inteligente y al servicio de las personas.

Fuente: Diario Financiero